20070315

Esquivando fallas y Speed

Los días previos a la semana de fallas, a la incomodidad de averiguar qué calle está o no abierta al tráfico se suma la caravana de remolques que trasportan los monumentos a su lugar de plantación. La ciudad se vuelve loca, deja la lógica de su funcionamiento y se llena de sectas de personas disfrazadas con trajes anacrónicos, que, bueno, si divierte a ellos bien, pero incomodan, mucho. Salimos porque nos gusta y porque hay que ver cosas y el otro día pasé por delante del museo y había unas proyecciones que no entendí. La consigna era comer fuera y ver algo o ir al cine, que es uno de nuestros rituales favoritos.
Qué hay en el IVAM.
No sé, algo relacionado con la velocidad, de título Speed.
¿Y eso por qué, por lo de la Copa América?
Hostia, pues tal vez.
No teníamos ni idea de dónde recalar para comer. Caminamos por las calles del centro. Hacía buen tiempo. Poco apetecía entrar en un museo, pero el deber es el deber.
Si cambias una buena conversación por una buena lectura eres un majadero. Lo mismo si la alternativa a un buen paisaje natural es un buen museo. A menudo confundimos las ficciones por la falta de realidades. Alguien quiso que el arte se acercase a la vida, sin embargo, nunca ha estado más lejos, a años luz.
Creo que nunca me han gustado las colectivas organizadas entorno a un tema. Se articulan mediante discursos frágiles que tratan de hilar poéticas dispersas, de artistas de generaciones y épocas diversas, el nexo se pierde y acabas buscando la obra de tal o cual por motivos ajenos al tema que se pretende tratar. Es decir, si lo que se pretende es reflexionar sobre un tema concreto, organizar una enorme colectiva es un error, pues las cosas atan mal y la mirada se pierde. Al final sales pensando qué narices quieren promocionar los tipos que organizan tamaño sarao, la inminente Copa América, dice mi acompañante.
La muestra Speed la vimos rápido y mal, porque poco nos apetecía movernos por entre aquella extraña visión de la Historia del Arte. La velocidad es un tema tan generico que incluye cualquier cosa que pongas, desde el secado de las pinturas al óleo hasta la representación del movimiento y las imágenes de video.
En sí mismos, movimientos artísticos como el Op Art, por ejemplo, no deberían ser incluidos en esta muestra, pues aunque todo movimiento físico tiene una velocidad, una obra que trata sobre el movimiento no reflexiona intrínsecamente sobre la velocidad. Su inclusión es simplista y delata una absoluta falta de rigor en el discurso, un argumento bien articulado que debiera servir de esqueleto para que la mirada del espectador fluyera y se entendiera algo. No es descabellado que el mensaje, a nivel publicitario, sea que el espectador entienda la ecuación Valencia igual a Velocidad igual a Copa América. No en vano se titula en inglés, para acoger a la supuesta avalancha de turistas anglosajones que nos visitan en breve. Nuestro moderno museo saca a relucir del fondo de la despensa jugosos objetos de arte de importantes figuras internacionales junto a nuestros primeras espadas. El mundo del arte y del museo como parte de la estrategia publicitaria de una ciudad, que pretende dar la imagen de sociedad moderna en el escaparate de un acontecimiento internacional.
Estos días, esquivando fallas me doy cuenta de lo bonitas que son cuando los pedazos de cartón aún están en los camiones, envueltos en enormes plásticos como si fuesen obra de Christo. El puto monumento valenciano adquiere así un cierto aire de misterio y de modernidad, de alta cultura quizá. Más tarde, desenvueltas y puestas en pie, son la hostia de feas. Y sin embargo muchos pretenden que nos representen.
En el Carmen, perdidos en una mañana de domingo, nos sentamos en el Asador. Hace buen día, podemos estar fuera. Pedimos un poco de cordero y una botella de vino. Nos fijamos en que una fila de coches iguales, de la marca Ford, han aparcado en la misma plaza, junto a nosotros. Al poco rato salen tipos disfrazados de antiguos, de corto. Ruido. Ruido para que se nos atraganten las chuletas. Una procesión de falleras de pequeño formato pasa por delante de nosotros y por detrás del ruido y se monta en los automóviles Ford. Es La Mayor y su séquito. Un brindis por la mayor infantil. Se van y todo recobra su calma.

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