20090118

Misticismo y poder

Hoy hemos hecho nuestra primera excursión con niño; comida y paseo, incluido un garbeo por el ilustre IVAM, para empaparnos de arte y pensamientos elevados, que no todo ha de ser cagar y comer.
Lo primero, la comida. Pensamos, en un primer momento, que el pack completo nos lo debía ofrecer el mismo IVAM, así que preguntamos en la terraza, a ver si nos admitían con el bebé y toda la parafernalia. Pero no. No era posible. A lo sumo un sandwich; que ya son las tres y se nos han acabado los menús, nos dice la camarera.
La segunda opción es un vegetariano que hay cerca de allí, al que alguna vez habíamos ido antes, de nombre Anaeva (en realidad es un nombre compuesto: Ana más Eva).
Los vegetarianos son la hostia.
Cuadros abstractos new age llenos de puestas de sol al revés (el gran truco de la abstracción, ponerlo todo del revés), camareros neogays (el tipo más amable que nos haya servido en una mesa jamás), familias con bebés mucho más escandalosos que nuestro Diego (que ha tenido un comportamiento intachable, por cierto), barbudos hipsters valencianoparlantes (con acento de Vinarós), todo muy saludable. Nos encanta la comida vegetariana, estamos locos por la comida vegetariana; sobre todo yo, que tengo el esfínter flojo e inundo el aire a pedorreta limpia. Siempre que piso un vegetariano me salgo con la sensación de que odio algo de lo que allí se cuece; sin embargo, no sé muy bien de qué se trata, ya que todo actúa en beneficio mío, la comida es buena y los precios no son muy elevados.
Han sido tan amables que nos han dejado cambiarle el pañal a Diego en el pasillo del restaurante, sobre unas sillas, atufando el trasiego del personal, que ya abandonaba el local a esas horas.
Todos los allí sentados a las mesas tenemos un aspecto blando, pasivo; somos místicos de las digestiones ligeras, apologetas de las floras bacterianas saltarinas, yo qué sé.
En el IVAM hay poca cosa. Vemos un par de exposiciones: en la planta baja le han montado una muestra a un tal Vicente Peris, del cual no tenemos ninguna referencia. Es valenciano, así que nos parece extraño no saber nada de él y que haya tenido acceso a una de las mejores salas de Nuestro Museo.
Hay que decir que la muestra es asquerosa. Sobre una serie de telas serigrafiadas en las que aparecen escaparates de tiendas caras, tal cual, el tipo ha manchado una figura dominante, un maniquí, resaltándola, con el acrílico, del fondo fotográfico. No entiendo qué publico pueden tener estos cuadros, qué poética proponen y en qué línea pretenden inscribirse. El artista dirá que es pop art; un pop art realista, complaciente, instalado en la estrecha franja de los escaparates de las marcas de lujo.
No le toma usted el pulso al paisaje de una época, señor pintor, como hiciera David Hockney con sus piscinas, no resulta rabiosamente moderno como lo fue Andy Warhol con sus repeticiones de imágenes mediáticas, no centra la atención en un lenguaje nuevo como lo fuera el cómic en la época que Roy Lichtenstein pintaba viñetas... En lugar de eso, su propuesta, señor Vicente Peris, es profundamente burguesa, acomodaticia, pésima... como darse un garbeo por la Calle Mayor de cualquier ciudad de provincias, una burda y estúpida celebración del lujo. El pop art no era eso.
Arriba, una colectiva de artistas indúes. India Moderna. Antes invitamos a los chinos, ahora a los indios, a ver si nos apegamos a rueda de los que están creciendo económicamente con mayor rapidez. Debe ser una estrategia. O un intercambio.
El pupurri es indescifrable. Decenas de tópicos. Una figura internacional: Anish Kapoor, representada con piezas de hace años.
Nos paseamos por las salas con nuestro carrito. Diego duerme. Le gusta el traqueteo. En la última estancia han colocado lo que me parece más interesante: un tipo ha plantado una escultura hecha de chatarra que representa un barrio de chavolas. La escultura reina en la sala, colgada en una posición céntrica. La considerable escala, la cantidad de casitas, el aspecto sucio y cutre, dan la muestra del aspecto real de los barrios marginales de las ciudades de la India. Todo en esta pieza me parece significativo: la irregularidad de su superficie, como los auténticos barrios de chavolas en los márgenes de las ciudades industriales; su factura, deliberadamente descuidada y pobre y desmembrada; el material, que no amaga su origen como material de deshecho (fragmentos de carrocerías de coches, bidones, latas); la temática, que apunta un problema concreto de la India, la pobreza, la diferencia de clases (nada complaciente con la supuesta publicitación que esta exposición ha de realizar con respecto a un país, la India, en progresivo auge económico en el contexto internacional)... No recuerdo el nombre del autor. Lo quise apuntar pero Diego me dijo gugú o gagá y me despisté.
Otra obra instalada en la misma sala, en una esquina. Esta obra presenta dos piezas, una fotografía de gran tamaño y una pequeña pantalla de video. Ambas piezas están conectadas pues representan la misma imágen: el cuerpo de una persona, se supone que un indigente, tendido en el suelo en un espacio público, una plaza o una calle ancha. El indigente se cubre el rostro con los brazos, se ve aislado de los demás transeuntes que parece que lo observan de lejos sin atreverse a acercarse, indiferentes. Al contrario, multitud de palomas, como las que habitan en cualquier plaza de cualquier ciudad, se aproximan a la figura tendida. La fotografía, imagen fija, nos muestra una panorámica general de lo que acabo de narrar, con la figura del indigente en el centro, rodeada de palomas. El video muestra, en primerísimo plano, fragmentos del cuerpo del indigente, y a las palomas moviendose alrededor; le picotean, se posan sobre él, le circundan. Como si las pequeñas aves fuesen la única compañía posible del pobre desgraciado. Me parece, como la anterior, fuertemente significativa. La obra se titula, La Lógica de los Pájaros. En mi opinión, el mismo título resulta evocador.
Nada que ver, la potencia evocadora, simbólica, de las obras de estos desconocidos artistas indues (que radiografían un aspecto fundamental de su entorno social, la pobreza, la exclusión social), con la aburrida complacencia neochannel del señor Peris. Que Dios le juzge.

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